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viernes, 8 de enero de 2010

Carla


( escrito año 2004)


Carla es una mujer especial. Lo digo porque a las mujeres les gusta que les digan estas cosas. Eso no es ser mentiroso, sino que concordante con el mundo en que vivimos. Y parece funcionar, y parece que es lo que corresponde, pero rápidamente me topé con la primera piedra.
Me sentí estúpido.
Carla no es especial. Es igual que sus amigas, sus padres, los políticos, los de la tele, el registro civil, los números, las tablas, las calculadoras de dólares que suben y bajan por la espalada, hasta que vuelven a subir reventándome la cabeza.
Carla vive presa de si misma, sin saberlo. Yo tampoco soy especial.

martes, 5 de enero de 2010

Las manos


La orientación no fue propia pero los pasos sí lo fueron. No era novedad que el cielo y el infierno quedaban en el mismo pasaje y los atiendía el mismo portero. No había caso para seguir intentando prevenirlo. Había manos que no eran las suyas, que se hicieron barandas brillantes de bronce. Él se confundió, su pasaje no tenía su residencia y cayó escaleras abajo golpeando su cabeza con el extintor rojo. Alguien pasó y le dijo, Dios castiga. Él se vengó a puños cerrados. Sus manos sucias con el pulidor de bronce quedaron rojas y tiritando. Él perdió un diente, lo dejó bajo la almohada, vino un ratón y le dejó plata. Con eso pagó el tratamiento para el hanta. Eso sí. Fue un trato cerrado con un apretón de manos.